Sandra Liliana

—¿Estaré soñando…? —susurró Marcelo—, ¿me habré quedado dormido en la tienda de Santiago…?

 

Se pellizcó un brazo para corroborar, pero luego de un corto gemido, y de una palabrota, no le quedaron dudas de que estaba totalmente despierto.

 

Cruzó el andén y se dispuso a tocar la puerta con los nudillos de su mano izquierda, pero se detuvo.

 

—De ahora en adelante —dijo—, lo que hará que las cosas me sean favorables será mi buena disposición, mis pensamientos positivos y mi fe.

 

Entonces tocó la puerta con los nudillos de su mano diestra.

 

Le abrió el Maestro Visibilia, el único extranjero que se había hecho Maestro, luego de permanecer por más de treinta años al lado del Maestro Medium. Su verdadero nombre era Tomás.

 

Tomás había llegado procedente de lo que en la actualidad se conocía como Uvei o Tres Puertas. En ese entonces, no habían construido los tres ramales y era una aldea de paso, que proporcionaba estadía, alimento y transporte a los turistas.

 

La intención de Tomás era la de quedarse una semana en el pueblo del Maestro Medium, durante las fiestas del río Abhimantrita, donde los lugareños se bañaban para supuestamente purificar sus pecados y alcanzar la salvación.

 

“El río Abhimantrita fue el que cambió a Tomás”, decían los lugareños. “No fueron las enseñanzas del Maestro Medium”, decían otros. “Por haberse bañado en sus aguas, terminó quedándose en el pueblo”, comentaban.

 

Todos le habían advertido a Tomás que no se bañara en las aguas del río Abhimantrita; lo habían precavido de que, en antaño, una extranjera no había hecho caso a los avisos y se bañó incrédula. Meses más tarde se unió en matrimonio al Maestro Medium de la época, con quien formó una familia, por lo que se quedó en el pueblo para siempre.

 

—¡Buenos días! —saludó Marcelo.