Arturo lleva a Marcelo a Tres Puertas

Arturo dio marcha atrás al carro a un lado de la vía y se devolvió por la misma carretera que habían transitado minutos antes. Abandonó la idea de llevar a Marcelo hasta la terminal de buses.

 

El mismo Marcelo le había solicitado que se regresaran. Las 10:10 que había visto en el reloj del tablero de instrumentos del vehículo lo habían hecho cambiar de parecer. Correspondía a la hora exacta de su nacimiento, lo cual consideraba como una señal inequívoca de su Maestro Trascendido.

 

Volvieron recto, pero esta vez no ingresaron al pueblo, sino que giraron a mano derecha en busca de la carretera a oriente. Dos horas y media los separaba de lo que los nativos llamaban Uvei y popularmente se conocía como la Ye o Tres Puertas.

 

Luego de recovecos y de subidas y bajadas interminables, finalmente llegaron a Tres Puertas, un sitio diferente a lo divisado las casi dos horas y media anteriores de viaje: allí la carretera era más amplia y completamente plana: un kilómetro y medio que al final se dividía en dos ramales exactamente iguales, como si alguien se hubiera tomado la molestia de medir ángulos de cuarenta y cinco grados, para luego construir esos dos ramales con una perfección casi milimétrica.

 

Tres Puertas había sido establecida en el lugar donde antes funcionaba una aldea que se dedicaba principalmente a la agricultura y a la recolección de frutas. Veinte años atrás, los habitantes de la aldea habían sido trasladados con la promesa de construcciones modernas y de tierras vírgenes aptas para la agricultura.

 

Mientras Arturo y Marcelo bajaban la última colina, el corazón del segundo empezó a latir con más fuerza al observar a lo lejos la tienda que se ubicaba en medio de los dos ramales.

 

Era la tienda de la que le había hablado el Maestro Initiatio, donde encontraría a Teodoro, la persona que lo guiaría hasta la casa del Maestro Medium.

 

…Había llegado la hora de conocer al Maestro y de develar los pecados ocultos.

 

Arturo condujo por el kilómetro y medio de carretera ancha y completamente plana, hasta la bifurcación, y, sin desviarse por el ramal de la derecha ni el de la izquierda, siguió recto hasta el frente de la tienda, donde se estacionó, en un terreno desyerbado que hacía las veces de parqueadero.

 

—Buenos días —saludaron al ingresar a la tienda—. ¿Aquí puedo encontrar a Teodoro? —preguntó Marcelo.

 

El dueño de la tienda respondió:

 

—¡Buenos días!, ¿y para qué necesita a Teodoro?

 

Marcelo le explicó que necesitaba un guía que lo llevara donde el Maestro Medium; le dijo que le habían recomendado muy especialmente a Teodoro y que por esa razón lo necesitaba con urgencia.

 

—¡Lo siento! —dijo el dueño de la tienda— ¡Teodoro ya no trabaja con nosotros!… Viajó muy lejos a visitar a su abuela enferma.